Primera Iglesia Hispana de Atlanta

Sirviendo desde 1975

Devoción Matutina

Sábado 18 de mayo 2019

Oración por Honestidad 2

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? […]Quien su dinero no dio a usura. Salmo 15:1, 5.

Puede que tengamos una idea errónea de lo que significa triunfar en la vida.

En nuestros días, fama y fortuna tienen muy buena prensa. No importa cómo se alcanzan, la cuestión es tenerlas. Hay un dicho muy osado que sentencia: “Un pillo tocado por la fortuna deja de ser un pillo para convertirse en un banquero, un político, un administrador, un comerciante; en fin, en un hombre que ha triunfado”.

Dios tiene otros parámetros para medir el éxito de una persona. Mira lo que dice la Biblia: “Si alguno de tus compatriotas se queda en la ruina y recurre a ti, debes ayudarlo como a un extranjero de paso, y lo acomodarás en tu casa. No le quites nada ni le cargues intereses sobre los préstamos que le hagas; al contrario, muestra temor por tu Dios y acomoda a tu compatriota en tu casa. No le cargues interés al dinero que le prestes, ni aumentes el precio de los alimentos que le des […]. Si uno de tus compatriotas se queda en la ruina estando contigo, y se vende a ti, no lo hagas trabajar como esclavo; trátalo como a un trabajador o como a un huésped. Trabajará para ti hasta el año de liberación, después del cual podrá abandonar tu casa junto con sus hijos, para volver otra vez a su clan y a sus propiedades familiares; pues ellos son mis siervos; yo los saqué de Egipto, y no deben ser vendidos como esclavos. No los trates con crueldad; al contrario, muestra temor de tu Dios” (Lev. 25:35-43, DHH).

Jesús no se apartó ni un ápice de esta enseñanza, cuando dijo: “A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. […] Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. […] Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Luc. 6:30-36).

¿Qué significa para ti triunfar en la vida?

Oración: Señor, solo dame los triunfos que tú apruebas.

Viernes 17 de mayo 2019

Oración por Honestidad 1

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? […]Quien su dinero no dio a usura. Salmo 15:1, 5.

¿Has sido tú alguna vez víctima del abuso financiero?

La usura es el cobro excesivo de intereses por un préstamo de dinero. Expresa avaricia, que es el pecado que nos hace perder todo por quererlo todo. La avaricia y la paz se excluyen violentamente. “Rompe el saco”, dice un viejo refrán. Vacía la “bolsa” de los buenos sentimientos y recuerdos; nos vacía por dentro y nos deja solos, sin amigos.

Pablo nos advierte que “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres […] avaros” (2 Tim. 3:1, 2).

La avaricia, un pecado de todos los tiempos, hoy, como nunca, es el motor de la economía mundial. Ironizando acerca de los días en que vivimos, Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán (1898-1956), dijo: “Robar un banco es un delito, pero más delito es fundarlo”. ¿No has escuchado esta frase: “Dale a un hombre un arma y robará un banco, dale un banco y robará el mundo entero”?

Los bancos han acompañado la historia de nuestra civilización: desde la antigua Fenicia (2000 a.C.), cuando hacían préstamos de granos a los agricultores, pasando por Asiria, Babilonia, Grecia, Roma, y hasta nuestros días. Pero nunca han sido tan protagonistas en nuestra vida cotidiana como ahora. Su mecanismo para hacer dinero es tan simple que la mente lo rechaza. Se trata de la usura, del dinero que tú y yo pagamos con sangre en intereses.

Jean Ziegler, vicepresidente del comité asesor del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, escribió: “Vivimos en un orden caníbal del mundo, en el que cada niño que muere de hambre muere asesinado. Debería constituirse un nuevo tribunal de Núremberg para juzgar por crímenes contra la humanidad a los que especulan en la Bolsa con el precio de los alimentos, y a los banqueros responsables de las crisis financieras”.

Hoy y siempre, “el amor al dinero es raíz de toda clase de males” (1 Tim. 6:10, DHH). Y este pecado no excluye a nadie: creyentes, ateos, dirigentes políticos o religiosos. Todos, en pequeña o gran escala, podemos confundirnos con la vana ilusión del dinero.

Revisemos con frecuencia nuestras cuentas con Dios.

Oración: Señor, ayúdame a revisar mis cuentas contigo.


Jueves 16 de mayo 2019

Oración por Honradez

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? […] Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia. Salmo 15:1, 4.

¿Quieres morar con Dios?

En nuestro texto de hoy aparecen tres de las diez virtudes que David menciona como condiciones para estar en la presencia de Dios: el que desaprueba al vil, el que honra a quienes deciden seguir el camino del Señor y el que cumple sus promesas sin estimar las consecuencias. ¡Qué hermosa oración!

Se destaca la palabra honra en este versículo. El latín, origen de nuestro idioma, nos aporta un dato enriquecedor: la palabra honor (honos, honoris), de donde provienen honra, honradez y honestidad, no describe tanto la virtud de la rectitud como el premio por ser justo y recto. En latín, honos significa la glorificación pública que se le da a quien se supone recto y justo. Y este premio suele ser un cargo público, de carácter político. Por eso, honos también significa cargo político.

¿No crees que hoy en día las palabras ya no significan lo que dicen? Nos hemos acostumbrado a la mentira pública. La política (¿y la religión?) es el arte de decir lo que conviene, jamás la verdad.

Tu alma se tiñe del color de tus pensamientos. La oración sincera y profunda a Jesús cada día pone en línea tus pensamientos con tus principios, para que puedan ver la luz del día. Tú eliges tu carácter. Lo que eliges, lo que piensas y lo que haces cada día es en lo que te conviertes. Tu carácter es tu destino. La honradez es la luz que guía tu camino.

El salmista nos dice quién es el que recibirá el premio de estar ante Dios: el de corazón íntegro, que ama la verdad, y por eso se aparta de los que no temen a Jehová, y honra a los que sí lo temen; y no cambia por las circunstancias.

Tu honradez será siempre digna de elogio, aun cuando no tenga utilidad ni provecho. Aun cuando implique un daño para ti. Esta virtud no es natural al corazón humano. Con la entrega del corazón a Jesús diariamente, la oración madura el fruto de la honradez.

Oración: Señor, ayúdame a tener una mente y un corazón puros.

 

Miércoles 15 de mayo 2019

Oración por Perfección

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? […] El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Salmo 15:1, 3.

La palabra de esta oración que quema nuestros labios como sopa caliente es calumnia, traducida del verbo hebreo ragal, cuyo eco escuchamos cuando el apóstol Santiago habla de los efectos mortíferos de la lengua (Sant. 3:2-11). El calumniador no habitará con Dios.

La calumnia es un mal universal. William Shakespeare le dedicó uno de sus mejores libros, Otelo, a las consecuencias de la calumnia en el alma humana. No pasa de moda, porque es efectiva. Semejante al aceite, siempre deja una mancha.

Se adjudica al filósofo francés Voltaire una frase tristemente célebre en las relaciones humanas: “Calumniad, calumniad, que algo quedará”. Tal es el poder de la calumnia que podrán cerrarse las heridas, pero no las cicatrices.

Es conocido el relato de un hombre que calumnió a un amigo por envidia, y luego visitó a un sabio para pedirle consejo de qué hacer para redimir su culpa. El sabio le dijo: “Toma un saco lleno de plumas pequeñas y espárcelas dondequiera que vayas”. El hombre, muy contento por lo fácil de la tarea, tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día había terminado la tarea. Entonces, volvió al sabio para decirle: “Ya he cumplido con mi deber”. Pero recibió esta respuesta: “Esa era la parte fácil de tu labor. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que desparramaste por las calles. Ve y búscalas”.

Tal es el poder de este pecado que la tradición judía considera al calumniador alguien que niega la existencia de Dios. Negamos a Dios con nuestros labios.

El texto termina diciendo que el que pretende ser amigo de Dios no “hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino” (Sal. 15:3). Es decir, no calumnia ni admite calumnia.

Perseverar en el cumplimiento del deber y guardar silencio es la mejor respuesta a la calumnia. ¡Bendita oración, que nos refugia en la hora de la injusticia! La oración templa el espíritu para soportar la tormenta y dejar que pase el tiempo, que, como juez justo, siempre da su veredicto.

Oración: Señor, que no salga palabra ociosa de mi boca.

 

Martes 14 de mayo 2019

Oración por Integridad

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. Salmo 15:1, 2.

¿Te parece imposible alcanzar este ideal?

 La palabra hebrea tamim, traducida por integridad, significa lo que es entero, o de todo corazón, y está sano. Es lo absoluto, auténtico, completo, sin reserva, total, verdadero. Es la misma palabra que se traduce como “perfecto” con respecto a Noé (Gen. 6:9) y Abraham (Gén. 17:1). Con este contexto, podemos entender lo que dijo Jesús: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mat. 5:48).

Integridad no significa impecabilidad, en el sentido de que ya no tenemos nada para mejorar. Todos somos pecadores. Somos humanos, limitados. Aprendices de la vida. Integridad significa tener una relación auténtica y sana con Dios y el prójimo.

El íntegro siempre “hace justicia” y “habla verdad”. Ser correcto y decir la verdad es el dulce fruto de la integridad. Esta virtud se mide por la palabra comprometida y mantenida, y por las acciones justas. No se mide por el dinero, ni el conocimiento ni el estatus social de una persona.

¿Podemos realmente ser íntegros, perfectos, como nos pidió Jesús? Si yo pensara en mis posibilidades, me hundiría en mis debilidades. Pero si pienso en Cristo, “todo lo puedo” (Fil. 4:13). Poco apoco, el Señor nos va transformando.

Soy pecador, pero Jesús me recibe tal cual soy y me da poder cada día para caminar hacia el ideal. Para ello, él debe llevar cautivo mi pensamiento (2 Cor. 10:5).

La oración destila diariamente gotas de gracia divina y “lleva cautivo” nuestro pensamiento a Jesús. Poco a poco, día tras día, la oración madura el fruto de un carácter íntegro. Esto no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso de toda una vida.

Tú eres tus pensamientos. Ellos determinarán tus hábitos, tus costumbres, tus acciones, tu carácter y tu destino. Jesús guarda tu corazón, y con él guarda tus pensamientos, y con ellos guarda tu vida. Para que pienses y hagas “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre” (Fil. 4:8). ¡Jesús te bendice siempre!

Oración: Señor, quiero morar en tu monte santo.

 

Lunes 13 de mayo 2019

Oración por rectitud

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?¿ Quién morará en tu monte santo? Salmo 15:1.

¿Quieres ser amigo de Dios?

Tremenda pregunta. Y, como respuesta, David menciona en este salmo diez virtudes morales que son el eco de los Diez Mandamientos.

El estilo de David en sus escritos es lanzar al corazón una pregunta desafiante, para luego responderla. La respuesta de David es una inspiración divina. Resume toda la tradición ética del pueblo hebreo (ver Sal. 24:3-6; Isa. 33:14-17). Es la fuente de la que abrevó el cristianismo. Escuchamos el eco de este salmo en las bienaventuranzas de Jesús (Mat. 5:1-11), y en sus palabras acerca del juicio a las naciones (Mat. 25:31-46).

No cualquier persona podrá “morar en el monte santo”, disfrutar la presencia de Dios. “Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti” (Sal. 5:4). ¡No “abaratemos” la gracia divina!

Por otra parte, este salmo es una amonestación a nuestra conciencia como creyentes. ¿Por qué razón los que no conocen a Dios, o los que se han apartado de él, responden al arrepentimiento más rápida y sinceramente que los propios creyentes? ¿Será que nuestra religión nos vuelve orgullosos, confiados y seguros en nuestras “verdades y doctrinas”? ¿Nos apoyamos más en nuestras creencias que en nuestra relación personal, sincera y secreta con Jesús?

Este salmo declara las condiciones de amistad entre el hombre y Jehová. ¿A quién se le otorga ese privilegio tan elevado? La respuesta es impactante, porque no descansa en una lista de requisitos rituales, tan propios del pueblo hebreo (verExo. 19:10-15; 1 Sam. 21:4,5), sino en las obras hechas al prójimo.

¿Quiénes son los amigos de Dios? Escucha a David: “Solo el que vive sin tacha y practica la justicia; el que dice la verdad de todo corazón; el que no habla mal de nadie; el que no hace daño a su amigo ni ofende a su vecino; el que mira con desprecio a quien desprecio merece, pero honra a quien honra al Señor; el que cumple sus promesas aunque le vaya mal; el que presta su dinero sin exigir intereses; el que no acepta soborno en contra del inocente. El que así vive, jamás caerá” (Sal. 15, DHH).

Oración: Señor, ayúdame a ser tu amigo.

Domingo 12 de mayo 2019

Oración Interrogativa y afirmativa

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mi? Salmo 13:1.

¿Te has sentido alguna vez olvidado por Dios? ¿Te has enojado en algún ¿ momento con él? ¿Has orado como David en alguna circunstancia de tu vida? La riqueza de los salmos de David descansa en la autenticidad de su corazón. Sus escritos expresan esa relación sincera e intensa con Dios. A diferencia de la relación de Dios con el profeta Daniel, siempre luminosa, sin claroscuros, la relación de David con Jehová es un camino que transita todos los paisajes de la pasión humana. A veces ese camino parece perderse en la oscuridad de la noche, cuando el poeta se aparta de Dios, se olvida de él, y cae en el pecado más abyecto, despreciable y vil (ver 2 Sam. 12). Pero siempre David retorna al camino de la vida.

Más bien, el Camino siempre lo encuentra a él. David sabía esto: Dios lo amó antes de que él lo amara (1 Juan 4:19). Dios nos trae, nos lleva, nos deja caer, pero no tanto, y luego nos levanta, porque nos ha elegido desde antes de la fundación del mundo (Efe. 1:4).

Este sentimiento de confianza en Dios descansaba en lo más secreto del corazón de David, y lo expresó en su vida y en sus escritos. La estructura de sus salmos se repite: primero la pregunta, la interrogación, aun el cuestiona- miento, para terminar siempre en la afirmación, la seguridad y la confianza en el Dios en el que ha creído. Siempre auténtico, David culmina sus salmos como culminó su vida: en las manos de Dios (ver 1 Rey. 2).

Escuchémoslo: “Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien” (Sal. 13:3-6).

Dios te trae, te lleva, te caes, te levanta, pero jamás te abandona. El Camino (Juan 14:6) te buscará dónde estés, te tomará de la mano y te guiará “por sendas de justicia por amor de su nombre” (Sal. 23:3). Él ya te ha elegido. Tú solamente respondes.

Oración: Señor, no te escondas, necesito conocerte.

 

Sábado 11 de mayo 2019

Oración de confianza

El malo […] dice en su corazón: Dios ha olvidado; ha encubierto su rostro; nunca lo verá. Salmo 10:4,11.

El hombre “malo”, según nuestra oración, dice muchas cosas “en su corazón”.

Me atrevería a decir que este hombre podría ser perfectamente un buen judío de labios, que oraba en las plazas públicas, celoso de la Ley. Generalmente, quien tiene a Dios mucho tiempo en sus labios lo tiene poco tiempo en su corazón. Esas cosas que tenía en su corazón lo envenenaban, aunque no lo sabía. Lo iban matando poco a poco, muriendo como esa persona que, encerrada en una habitación, abstraída en su lectura, no se da cuenta de que un silencioso escape de gas va consumiendo todo el oxígeno.

Aquel religioso piensa, en lo profundo de su corazón, que “nadie lo hará caer, que jamás tendrá problemas” (vers. 6, DHH). Porque “cree que Dios se olvida, que se tapa la cara y que nunca ve nada” (vers. 11, DHH). Es decir, Dios no existe.

Así que, este religioso eligió vivir dos vidas, como “sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mat. 23:27).

Es terrible la insensatez a la que puede llevarnos nuestra libertad: podemos elegir vivir en medio de un mundo lleno de dolor y tragedia, pensando que a nosotros jamás nos va a tocar el infortunio. Incluso, podemos ser malos, pensando que “Dios no ve”. ¿Qué pasa con el destino de una persona cuya vida entera está construida sobre un error? ¿Acaso no nos espera la tumba, en algún momento, a todos los mortales?

El verdadero creyente también dice lo mismo que el malo: “Nada me hará caer”. Pero la diferencia es esta declaración de fe: “Siempre tengo presente al Señor […]. Por eso, dentro de mí, mi corazón está lleno de alegría” (Sal. 16:8, DHH).

Hace unos días, caminando en un parque, mi esposa se sintió cansada, y pidió apoyarse sobre mi hombro. Le dije: “Si me amas, apóyate fuerte”.

Jesús te dice: “Si me amas, apóyate fuerte”. Si te apoyas en su hombro, no temerás las vueltas y los golpes de la vida. Porque no dependerás de tus fuerzas, sino de la fuerza del Dios sobre quien te apoyas.

Oración: Señor, mora en mí, a fin de que sea una bendición para otros.

Viernes 10 de mayo 2019

Oración por justicia

¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación? Salmo 10:1

Este salmo, que en las Escrituras hebreas aparece unido al anterior como una sola pieza literaria, es una invocación a Dios en todo tiempo de injusticia. Su estructura es semejante a la de otros salmos: primeramente, el autor plantea un problema, luego interpela a Dios, para finalmente reafirmar su fe en Jehová.

Siguiendo esta estructura, podemos dividir en tres partes la oración de David. En primer lugar, presenta el caso para la interpelación, basado en sus propias pruebas y observación (Sal. 10:1-11); luego desafia e interpela a Dios para que no se borre del escenario humano (vers. 12,13); y finalmente reafirma la fe en un Dios justo y poderoso (vers. 14-18).

Aunque escrito hace miles de años, este salmo por justicia tiene permanente vigencia. ¡Cuántas veces hemos hecho catarsis leyendo estos reclamos sinceros de David a Dios!

Más allá de la sociedad a la que pertenezcamos, la injusticia y la corrupción son el pan de cada día. El problema que ve David es precisamente este: mientras el mal crece entre los hombres sin que se haga justicia, mayor es el escepticismo hacia Dios. “El malvado cree que Dios se olvida, que se tapa la cara y que nunca ve nada” (vers. ll.DHH).

En los primeros once versículos, David comienza describiendo a los hombres de su tiempo con adjetivos que son trágicos sinónimos de nuestro tiempo: arrogancia, que es hinchazón y no grandeza; jactancia; altivez; incredulidad; mentira; engaño; fraude; acecho; arrebato. Cualquier semejanza con nuestra realidad no es casualidad. Esta es la condición humana.

El problema es el silencio aparente de Dios, y la consecuente pérdida de fe en él. David reclama: “Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; no te olvides de los pobres” (vers. 12).

Pero David sabía por experiencia propia que los molinos de Dios muelen sin prisa, pero sin pausa; muelen muy fino, pacientemente, pero muelen todo (vers. 14,15).

Nada será más sano y liberador para tu espíritu que esperar en Dios en todo tiempo. El escucha atento “el deseo de los humildes” (vers. 17). La oración templará tu ánimo y madurará el fruto de tu paciencia. Te dará fuerzas para luchar en medio de la corrupción.

Oración: Señor, que la injusticia y la maldad no me alejen de ti.


Jueves 9 de mayo 2019

Oración de acción de gracias

Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas […]. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; te has sentado en el trono juzgando con justicia. Salmo 9:1, 4.

¿Vives tus alabanzas?

Este es el primero de los Salmos acrósticos, o alfabéticos. Es decir, su composición poética está constituida por versos cuyas letras iniciales, medias o finales forman un vocablo o una frase. Pues bien, este Salmo, como otros (10, 25, 34, 37, 11, 112, 119, 145), comienza con la letra álef, primera letra del alfabeto hebreo. El acróstico le da belleza, sentido, forma y orden al mensaje. Las formas de la poesía hebrea expresan un mensaje teológico mediante la belleza lírica. La Escritura expresa la belleza que capta el poeta en el mensaje divino. Mientras el teólogo afirma fríamente que el hombre tiene el deseo inherente de conocer a Dios, el poeta exclama: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía (Sal. 42:1).

David era un poeta cuyos salmos contenían profundos mensajes teológicos. Por ejemplo, en este salmo, que ha sido llamado “Canto de acción de gracias”, el salmista alaba a Dios porque es sensible al dolor y a la injusticia humana, y es Juez justo que defiende a los oprimidos: “El juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia” (vers. 8, 9).

¡Cuánto alegra al corazón saber que Dios ama la justicia y ampara al más débil y afligido (vers. 12)! ¡Señor, te alabo porque defiendes a los oprimidos!

Nuestra oración nos enseña a alabar a Dios ¡con todo el corazón! ¡Y con nuestras manos! La mejor alabanza al Dios de justicia ¡son nuestras obras en favor de los más desfavorecidos!

En tu alabanza, tu alegría no está en el presente ni enfocada en ti, sino en Dios y en el prójimo. Tu corazón no se regocija más por el don recibido que por el Dador. Así como el triunfo del Redentor es el triunfo del redimido, tu testimonio ayuda a los que están a tu lado; a los que, caídos en desgracia, buscan una señal de esperanza manifestada en tu propia vida.

Oración: Señor, te alabo porque eres refugio del pobre y puedo confiar en ti en la angustia.


Miércoles 8 de mayo 2019

Oración de humildad y dignidad

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Salmo 8:3, 4.

La oración de David es una confesión de humildad y dignidad. A los pies de la Creación, el salmista se sorprende de que el Creador tenga memoria de la criatura. En contraste con la grandeza de la naturaleza, capta su propia insignificancia. Pero a su vez, esa misma humildad se convierte en dignidad cuando expresa que el hombre es obra de la mano divina. ¡Dios se ocupa de nosotros!

Tú y yo somos dignos delante de Dios porque somos obra de sus manos. Creados a su imagen, llevamos en nuestro corazón y cuerpo la huella del Eterno. En lo secreto de nuestro corazón, gemimos: “Señor, te extrañamos. Somos tus criaturas; y nuestro corazón jamás descansará hasta que descanse en ti. Solo tú nos das abrigo y paz”.

Dios nos visita en la oración. El Padrenuestro es la máxima expresión del retorno a Dios por el que clama nuestra alma. En esta oración, al dirigirse a su Padre, Jesús usa el término arameo Abba, una forma cercana e íntima (ver Mat. 6:9-13). Significa “papá”, o “papito”. La palabra “Padre” puede hasta inspirar cierto miedo. Pero Abba es un ser personal y cercano.

La oración nos conecta con nuestro Papá todopoderoso, cercano. Es tu castillo fuerte y tu refugio en tiempo de prueba. Puedes decir con el salmista: “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio” (Sal. 18:2).

La oración te conecta con quien te ama y guía: “El Señor dice: Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti” (Sal. 32:8, NVI).

Aunque tú no tengas noticia de él, o estés alejado de sus caminos, no dejará de buscarte, para guiarte. ¡Te ha guiado sin que los supieras! Mira hacia atrás, y verás que todos los puntos inconexos de tu vida se unen para conformar un cuadro con sentido.

¿Quién eres tú para que Dios te recuerde? Eres su hijo, comprado por sangre.

Oración: Señor, gracias porque eres mi refugio en la soledad del universo.

 

Lunes 6 de mayo 2019

Oración de adoración 2

¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!Has puesto tu gloria sobre los cielos. Salmo 8:1.

La gloria del Creador se manifiesta en su creación. Los cielos anuncian la obra de sus manos. Del cielo dimana el tiempo, como dimensión dentro de la cual ocurre nuestro pasado, presente y futuro. Mientras la Tierra es donde ocurren las cosas, el cielo determina cuándo ocurren estas cosas, pues de él provienen los ciclos que demarcan el curso del tiempo.

Al cielo pertenecen el día y la noche, la luz y las tinieblas, y el curso de las estaciones y de los años. El movimiento de rotación de la Tierra sobre su propio eje determina el ciclo del día, y el movimiento de traslación en torno del Sol determina el ciclo anual. De este modo, el cielo marca el tiempo de nuestra existencia, y por ello señala nuestra finitud y condición de seres mortales.

La profundidad abismal de una noche tachonada de estrellas revela la infinitud en la que nuestro mundo pareciera perderse. Fue este sentimiento de pequeñez humana lo que arrancó la pregunta del corazón de David: “;Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” (Sal. 8:4). Este es el comienzo de la humildad.

Por otra parte, en su profundidad, el cielo nos arranca del encierro de la limitada existencia humana, y nos permite a su vez liberarnos de la atadura de la ansiedad de la vida, para captar la huella del Eterno. ¡Cuánto alivia la ansiedad del alma contemplar un cielo tachonado de estrellas!

La oración nos abre al Infinito.

La bóveda celeste es el altar que te espera cada día, para que derrames tu alma en oración al Creador, como David. La oración es el puente que te une con el Altísimo: “Es algo maravilloso que podamos orar eficazmente; que seres mortales indignos y sujetos a yerro posean la facultad de presentar sus peticiones a Dios. ¿Qué facultad más elevada podría desear el hombre que la de estar unido con el Dios infinito? El hombre débil y pecaminoso tiene el privilegio de hablar a su Hacedor” (LO 7).

Despliega cada día las alas de la oración, y vuela hacia tu Creador.

Oración: Señor, mi oración te alcanza en lo alto.

 

Lunes 6 de mayo 2019

Oración de adoración

Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos. Salmo 8:1.

¿Recuerdas quién eres?

Es posible pensar que David haya escrito esta oración cuando era joven, quizá cuando aún era pastor. Seguramente al abrigo de la gran bóveda celeste, en las noches tachonadas de estrellas, su alma se inspiró para escribir esta hermosa pieza lírica. Un sentimiento de profunda admiración y dignidad humana, nacido en el vínculo de David con el Creador, recorre todas las estrofas de esta oración.

Este es el primero de los Salmos que se refieren directamente a la naturaleza (ver Sal. 19,29,104). En este canto se revela la majestad y el poder de Dios manifestados tanto en la creación como en la vida del ser humano. “El cántico de la noche estrellada”, como se lo ha llamado, testifica que el poeta no ve la naturaleza como un fin en sí mismo, sino como la expresión de un Dios que se expresa en ella, pero que no se agota en ella.

David experimenta un cierto arrebato místico cuando ve las estrellas, tan lejanas al ojo y tan cercanas al corazón. Los astros le hablaban de un Creador que habita en la lejanía de la eternidad (Sal. 103:19), pero cuya gloria se manifiesta en la cercanía de su creación.

El autor español Miguel de Unamuno escribió: “Hay ojos que miran,/ hay ojos que sueñan,/ hay ojos que llaman,/ hay ojos que esperan”. Los ojos de David miraban, soñaban y esperaban en Dios. Él sabía, como escribiera el poeta Antonio Machado, que “el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. David se sentía mirado por Aquel cuya gloria se expresaba en las estrellas.

Quizá creas que no vales nada. ¡Pero valemos mucho para Jesús! Nuestra dignidad nace en el hecho de que somos creación divina. El respeto a uno mismo nace de esta dignidad. ¡Somos nuestro propio tribunal! Nada haremos que nos haga despreciables ante nuestros propios ojos.

Cuando tu corazón tenga sed de Dios, y tu alma se sienta perdida entre las cosas, eleva tu mirada al cielo. ¡Dios te está mirando! Y esa mirada te dignifica.

Oración: Señor, en medio de la gloria de la Creación, me siento mirado por ti.

 

Miércoles 1 de mayo 2019

Oración de seguridad

En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú,Jehová, me haces vivir confiado. Salmo 4:8.

¿Duermes bien de noche?

Esta seguridad que expresa David en una de sus primeras oraciones la reafirma en uno de sus últimos salmos: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia […]. A su amado dará Dios el sueño” (Sal. 127:1, 2). La cuestión es en quién depositamos nuestra confianza.

Durante su reinado, David tomó la fortaleza de Sion (2 Sam. 5:7) y extendió los dominios de Israel como ningún otro rey (2 Sam. 8). Un séquito de hombres valientes lo cuidaban a sol y a sombra (2 Sam. 23:8-39). Sin embargo, la confianza última de David no estaba en sus valientes ni en sus logros, sino en Dios. El éxito de David se debió a que Jehová Dios de los ejércitos estaba con él (2 Sam. 5:10). “Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue” (2 Sam. 8:14).

David estaba convencido de esto; por eso, una de las primeras oraciones que se registran fue: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (4:8).

Ahora bien, David no dejó de edificar ni le dijo a la guardia que no velara por su seguridad. Pero él sabía que el cimiento último de su vida, por el que se sentía seguro y confiado, aun en las noches, no era el hombre, sino Jehová, que es el único Dios verdadero (Deut. 6:4), soberano absoluto (Dan. 4:35), todopoderoso (Luc. 1:37), grande en misericordia y verdad (Éxo. 34:6), el Padre celestial (Mat. 6:9), fortaleza eterna (Isa. 26:4).

¿En quién depositas tu confianza?

Es vano poner la confianza en este mundo, ¡porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad! Así como un pájaro confía en sus propias alas, y no teme si se rompe la rama del árbol que lo sostiene, tú confías en tu oración sincera y secreta. Tus súplicas diarias son tus alas. Tu confianza no descansa en tus virtudes, sino en el amor y el poder de Dios para satisfacer tus verdaderas necesidades. La fuerza de tu oración no depende de tus méritos, sino de la intención sincera de tu corazón.

Oración: Señor, solo en ti puedo vivir confiado.

 

Lunes 29 de abril 2019

Oración al borde del abismo

¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Salmo 3:1, 2.

Siempre una lágrima de dolor tiene un origen más profundo que una sonrisa.

Pero la desesperación hunde sus raíces en el abismo. Muchas veces, la vida nos desespera, y no sabemos adonde ir, no vemos la salida.

Muchas pueden ser las causas de tu aflicción: ¿Estás enfermo? ¿Perdiste el trabajo? ¿Te acabas de divorciar? ¿Hay gente que intenta destruirte? Aun esa historia de ausencias y de necesidades insatisfechas, que quizá arrastres desde tu infancia, puede empujarte secretamente al abismo de la desesperación. Casi todos vivimos en una silenciosa desesperación.

¿Qué hacer cuando creemos que no hay salida? Encerrado por candados de desesperanza, la única solución de David fue exponerle a su Señor cuál era su situación. Y desafiarlo: “Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación”. Como si le dijera a Dios: “Demuéstrales por medio de mí que eres poderoso para salvar”.

David no desesperó ante la aflicción, porque había experimentado el poder de Dios: “Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo” (vers. 4). ¡Qué bella seguridad! Si clamamos a Dios, él nos responderá desde las alturas en la llanura de nuestra cotidiana desesperación.

David continúa: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba” (vers. 5). Cuando descansamos en Dios, huyen los fantasmas nocturnos que se disfrazan de ansiedad y recuerdos insoportables. No hay seguridad de este lado de la tumba; por eso, nada es más bello en este mundo que la seguridad de que Dios nos concede su compañía de día y de noche.

La desesperación te dice: “Corre. Haz algo, No sé qué, pero haz algo. Y pronto”. La angustia te dice: “No hagas nada. No puedes hacer nada”. La fe te dice: “Confía en Dios. El hará en su momento lo que tú no puedes hacer”.

¡La oración es tu arma más poderosa! Te da visión cuando el camino se oscurece. Con ella, bendices a quienes están enfrentando adversidades. Eres bendecido por la oración de los que te aman. Y por tu oración bendices al mundo.

Oración: Señor, gracias porque día y noche estás a m i lado.

 

Domingo 28 de abril 2019

Oración al profética

Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Salmo 2:7, 8.

Salmos, el himnario del pueblo de Israel, es una colección de cinco libros con varios autores. El tema de cada libro coincide con el contenido de cada libro del Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia. Así, el primer libro hace hincapié en la humanidad (Sal. 1-41). El segundo trata sobre la liberación de Egipto (Sal. 42-72). El tercer libro aborda el Santuario (Sal. 73-89). El cuarto habla del Reino de Dios (Sal. 90-106). Y el tema principal del quinto libro es la Palabra de Dios (Sal. 107-150).

Muchas de las oraciones del Antiguo Testamento tienen como objeto exclusivo asuntos temporales, pero la mayoría de las oraciones de los Salmos son cantos de alabanza y mensajes proféticos que reafirman la fe del creyente. Este es el caso de la oración del Salmo 2 (ver, además, los salmos 21,45,72 y 110). Es un canto mesiánico. El tema sobre el que gira es la elección del rey como ungido de Jehová. El texto acentúa el aspecto “guerrero del ungido” como instrumento de acción divina. A la vez que se remarca el carácter y el destino del rey como persona “consagrada”, intocable e inviolable, se anuncia la llegada al mundo del verdadero Ungido de Dios, el Mesías.

En Mateo 3:17, escuchamos el eco del Salmo 2: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). En Hechos 4:26, Lucas, anunciando la pasión y la muerte de Cristo, cita el versículo 2 de este Salmo. Siglos antes de que el Hijo de Dios pisara solo el lagar de la ira divina, el rey David “publicó el decreto” de tu salvación (Sal. 2:7).

¿Qué significa esta oración para ti? Dios te engendra como hijo en Jesús (Gál. 3:25, 26). Saber que eres hijo de Dios tiene un tremendo impacto en tu vida. No eres la misma persona con o sin Jesús en el corazón. Si Jesús está vivo, nada importa. Y si Jesús no está vivo, nada importa. Esta es la paradoja que él instala en tu vida: o lo recibes, y nada temerás; o lo rechazas, y nada tendrá significado en tu vida.

Hoy, antes de salir de tu casa, asegúrate de que Jesús te acompañe.

Oración: Señor, te alabo porque me engendras en tu Hijo.


Sábado 27 de abril 2019

Oración al revés

Jehova dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job. Job 42:7.

¿Cómo es tu religión?

Ya se está terminando el libro de Job, y ahora es Dios el que habla. Sus palabras suenan como una oración al revés. Son una amonestación a quienes hablaron con necedad. A lo largo del relato, el gesto del hombre dolorido, espantado, desesperado y quejumbroso contrastó con la actitud ostentosa y solemne de sus amigos, que satisfechos con la vida fueron a consolar al patriarca con discursos de culpa y condenación.

Pero podemos aprender de los amigos de Job, y hacer todo lo contrario cuando nos toque consolar al sufriente.

En primer lugar, Elifaz, Bildad, Zofar y Eliú no respondieron a las necesidades del patriarca, sino que lo “molieron con palabras” (Job 19:2, 3). Para ellos era más importante su ideología que su amigo. Se concentraron más en expresar bien sus ideas y creencias que en el propio dolor de Job (ver caps. 4, 15, 22). La teología de la retribución, que entiende el sufrimiento como un castigo de Dios por los pecados cometidos, envenenó el diálogo, y echó por tierra toda posibilidad de consuelo y ánimo. Argumentaron que la “tribulación y angustia” es propia del impío por haber alzado “su mano contra Dios” (vers. 25).

Y así, porque jamás empatizaron con el dolor, y solo exhibieron una insensibilidad asombrosa, Job se sintió solo e incomprendido. Y, aunque les expresó su soledad y hastío por su vida (Job 10:1), ninguno de ellos lo hizo sentir acompañado. Peor aún, lo hicieron sentir solo en la cercanía física. ¡La peor soledad es la que te hace sentir el que está más cerca de ti!

Finalmente, todo este cóctel de egoísmo, palabras y discursos vacíos terminó en insultos y crítica. Job fue tremendamente agredido verbalmente (Job 4:8; 8:2; 11:3). ¡Quienes fueron a consolarlo, terminaron desalentándolo!

¡Cuánto podemos aprender de los amigos de Job!

¿Cómo es tu religión? ¿Te inspira miedo? ¿Es más importante lo que crees y piensas que la compasión? ¿O la gracia divina en tu corazón te impulsa a la obediencia y al amor?

Oración: Señor, ayúdame a ver a Jesús en el dolor ajeno.

 


Jueves 25 de abril 2019

Oración triunfal 3

De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Job 42:5.

En su discurso, Dios no explicó las causas de los sufrimientos de Job ni reveló por qué prosperan los impíos y sufren los justos. Dios simplemente habló de su poder creador.

¿Qué “vio” Job en las palabras de Dios? Primero veamos lo que no vio. Job no vio que su sufrimiento se debía a un castigo divino, o que su inocencia le daba el derecho a no sufrir. Aquí está el secreto de la riqueza de su libro: si yo fuera culpable y se me castigara, o inocente y se me premiara, entonces podría suponer que mi vida está sujeta a un orden y a una regla moral que puedo manejar para cambiar mi destino. Esto es legalismo, que adjudica un poder sobrenatural a la obra humana. En cambio, si Dios me salva por su gracia, entonces me encuentro expuesto a un orden superior. Job vio ese orden superior de un Dios todopoderoso en quien podía confiar absolutamente. Confió en su gracia y en su juicio.

Por eso, sometió su vida a Dios, consciente de que había un orden infinitamente superior a su voluntad, y que no podía controlar su felicidad o desdicha. En esto consistió su humildad.

La humildad nos permite tomar la vida tal como viene, confiando en que Dios lo sabe todo. La humildad te permite ser feliz mientras dure esa felicidad, y también te da fuerzas para que enfrentes los tiempos difíciles, y aun la propia muerte, cuando te toquen. La humildad te hace consciente de que tú no eres quien determina a Dios, sino que es Dios quien determina tu vida.

El Señor te toma, te lleva, te deja caer, siguiendo leyes cuyo secreto no puedes llegar a comprender totalmente. Pero la humildad te permite someterte a él en los días claros y oscuros. Te da la sensibilidad para ayudar a las víctimas inocentes del mal, cosa que no hicieron los amigos de Job. Y no permite que te victimices, porque aceptas lo que Dios te ha dado. La vida hay que tomarla como viene. ¡Con alegría!

“Cuando Job alcanzó a vislumbrar a su Creador, se aborreció a sí mismo y se arrepintió en el polvo y la ceniza. Entonces el Señor pudo bendecirlo abundantemente” (PP 120).

Oración: Señor, eres todo para mí.

 

Jueves 25 de abril 2019

Oración triunfal 2

De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Job 42:5.

Esta declaración es el fruto del aprendizaje de Job. Es la esencia del perfume que dejó su aflicción.

¿Cómo fue el proceso de curación de Job? Veamos qué hizo Dios para sanarlo y retribuirle todas sus bendiciones (ver Job 42:10).

En primer lugar, Job externalizó su drama. Lo puso en Dios. Acudió a él. No le echó la culpa a nadie. Buscó a Dios. Y así, Dios fue proveyéndole recursos espirituales para vencer la depresión. Cuando sufras, pon tu mirada en el Cielo, de donde viene el poder (ver Mat. 6:9).

Luego, Job no se quedó en los mejores días del pasado. Aunque su espíritu lo llevó muchas veces a la nostalgia, siempre se impuso al ayer: “Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación” (Job 14:14). Aprendió que lo peor a veces es padre de lo mejor; y perseveró en la idea de esperar lo mejor, aun después de muerto: “Aunque él me matare, en él esperaré […] y él mismo será mi salvación” (Job 13:15,16).

La esperanza te lleva a desear lo nuevo en medio del dolor. ¡A no bajar los brazos! Te da fuerzas y cierta seguridad íntima de que, a pesar de las apariencias, la situación intolerable en que te encuentras no será definitiva, que aún hay una salida. La esperanza confía en que “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Luc. 18:27). Concibe siempre una salida para los problemas. Y en sí misma constituye una dicha. Aunque la esperanza se vea muchas veces decepcionada, ninguna decepción es más horrible que perderla.

“En cada hombre hay un mito”, dijo el escritor estadounidense William B. Yeats. Job es un símbolo del sufrimiento y un paradigma de la esperanza. Toda la humanidad está en él. Desde el infierno más horrendo, y en lucha constante con las penurias del cuerpo, su existencia solitaria y heroica no cedió a la desesperación. Job consiguió reafirmar la esperanza y la fe en Dios, de quien en un momento se sintió desterrado. La vida de Job es el triunfo sobre la adversidad más cruel gracias al poder de una certeza inquebrantable. Job te ha enseñado el derecho al desánimo, pero no a perder la esperanza.

Oración: Señor, que podamos decir con Job: “Mis ojos te ven”.

 

Miércoles 24 de abril 2019

Oración triunfal 1

De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Job 42:5.

¿Cuál es la fuente de tu esperanza?

El centro de toda la confesión de Job está en nuestra oración. Sus palabras contrastan el conocimiento que tenía de Dios antes y después de la prueba. Job tiene, gracias a la cercanía a Dios, que alcanzó de la mano del dolor, una comprensión más clara de la gracia infinita de Dios. Tiene un conocimiento de primera mano, que no viene de afuera, de un cúmulo de información externa, sino de una conciencia directa, de una experiencia espiritual plena y emocionante, que hace que todas las palabras humanas sean pobres para referirse al Altísimo.

Job se curó en la cercanía con Dios. Mientras que su razón buscó respuestas, su corazón sintió la presencia de la Providencia. El corazón tiene razones sublimes que la razón no entiende. Con la luz de Dios en el corazón, las cosas que parecen grandes se reducen, y los peligros se derriten.

La geografía es la misma de noche que de día. Pero, cuando sale el sol el paisaje cambia. La luz revela y dona una escena de belleza indescriptible que estaba escondida bajo la sombra de la noche. La nieve de la montaña brilla, y el contraste de los colores del cielo azul y el verde de los pinos es más nítido. Así, cuando Dios ilumina nuestra alma oscurecida por el dolor, todo el paisaje interior se embellece. Su gracia nos aliviana no solo de las presiones propias de la vida, sino también de las demandas de la religión. Vivir con Jesús se torna una delicia, aun en el dolor.

La confianza inquebrantable de Job se nutrió en su esperanza. Por eso exclama: “Aunque él me matare, en él esperaré” (13:15).

¿Cuál es la fuente de tu esperanza?

¡Jesús es tu esperanza! “Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor” (Rom. 5:5; NTV).

Tu esperanza es la presencia del amor divino en la persona del Espíritu Santo, caudal de vida que te lleva a exclamar con Job: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).

Oración: Señor, ayúdame a verte en la noche oscura de la prueba.

 

Martes 23 de abril 2019

Oración de confesión 2

He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar. Job 40:4, 5

¿Crees que eres una buena persona?

Puede que seamos buenos, y que aun la gente crea que somos buenos, como creían de Job sus contemporáneos (ver Job 29), pero la cercanía de Cristo nos revela ese ser secreto que somos tú y yo, y que permanece oculto aun para nuestra conciencia natural. Job se calló la boca cuando percibió su verdadero ser (Job 40:5).

Hay, en nuestra fragilidad humana, la posibilidad de pasar de la luz del día a la oscuridad de la noche sin la mediación de un atardecer; de una situación controlable a una crisis inmanejable. Fue la situación de Job y de David, por diferentes razones. A Job lo sorprendió la desgracia; y a David, la concupiscencia por una mujer.

Si le preguntamos a Jesús acerca de nuestro corazón humano, nos dirá: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Mar. 7:21, 22).

La vida es como un huevo: si lo rompes desde afuera, termina; pero si se rompe desde adentro por una fuerza interior, comienza. Los grandes cambios de tu vida comienzan de adentro hacia afuera. La obra de la salvación que genera esta clase de transformación es de origen absolutamente divino, porque los muertos no tienen nada que ofrecer ni pueden hacer nada para tener vida: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efe. 2:1).

¿Cómo vencer esta natural tendencia al mal que anida en nuestro corazón? Pablo escribió: “Cada día muero” (1 Cor. 15:31). Es el sublime bautismo del Espíritu en medio del trajinar diario.

Aunque no quieras, aunque no lo desees, aunque creas que no lo necesitas, cada día Jesús te llama a la oración. Y te dice: “Deja que te salve; reconoce que solo no puedes, ni aun cuando te juntes con otros y hagas todos los cultos imaginables, y repartas millones en ofrendas y diezmos. Yo solo soy la salvación”.

 

Oración: Señor, despierta cada día en mí la sed de ti.

 

Lunes 22 de abril 2019

Oración de confesión 1

He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar. Job 40:4, 5.

¿Cómo te sientes cuando Dios se revela en tu corazón?

En el capítulo 39 de Job, Dios habló. Y todos callaron, incluso Job. La respuesta de Job es nuestro texto. Luego de que Dios hablara, Job tuvo una conciencia profunda de su condición pecaminosa. Como si el dolor lo hubiera hecho más recto de lo que era (Job 1:1). Es paradójico, pero cuanto más cerca de Dios estamos, más conscientes somos de nuestra pecaminosidad. En esto consiste la santidad.

El pecado es más que un acto; es una actitud. Pecamos no solo por lo que hacemos sino por lo que somos. David dijo: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5). Si le preguntamos a Jesús acerca de la fuente de nuestros pecados, él nos dice: “Lo que sale del corazón es lo que contamina al hombre” (ver Mat. 15:18).

¿Cuál es la diferencia entre Job y David? ¿Por qué ambos se sienten viles delante de Dios, aun cuando Job era inocente y David culpable?

Con Job, podemos decir: “Señor, nosotros no manejamos nada, no sabemos que hay situaciones que en poco tiempo pueden arrollarnos y mostrar nuestra total impotencia”. Con David, podemos decir: “Señor, sabemos que si escondemos nuestros pecados nuestra situación empeora”. ¡Cuán miserable fue la suerte de David, quien aun queriendo amar a todos se sintió obligado, por el miedo, a mentir y asesinar para salvarse a sí mismo! Somos víctimas y victimarios del pecado.

Job fue una víctima del pecado, pero en contacto con la grandeza de Dios vio toda su insignificancia. Su pecado fue dudar de Dios cuando las cosas no fueron bien.

David fue un victimario. Y con él llegamos al nivel más bajo de nuestra condición humana: convertirnos en homicidas con tal de salvar nuestra reputación.

Tú eres víctima y victimario en el reino del mal. Pero, cuando renuncias a tu pretendida honestidad y reconoces tu maldad natural, la fe te recupera.

¡Gracias, Jesús; aunque soy insignificante, significo mucho para ti!

 

Oración: Señor, soy vil.

 

Domingo 21 de abril 2019

Oración respondida

Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. Job 38:1-3.

 

¿Has escuchado las respuestas de Dios a tus demandas?

 Dios no defendió a Job de las acusaciones de sus amigos, aunque luego se las vio con ellos (ver Job 42:7), ni explicó las causas de sus sufrimientos. Tampoco reveló por qué prosperan los impíos y sufren los justos. Nada dijo en cuanto al mundo futuro ni sobre las recompensas venideras por las injusticias de este mundo. En otras palabras, no entró en la polémica suscitada por los amigos de Job de buscar las causas del mal y el dolor. Dios habló de su poder creador, manifestado en la naturaleza, para revelar lo que puede hacer en la vida del hombre (vers. 10-17).

Más que focalizarse en el pasado, Dios puso el énfasis en el presente y en el futuro. La estrategia divina para sanar a Job fue presentar un nuevo relato, muy diferente del narrado por los protagonistas hasta ese momento. Una narración que destacara su poder creador, su omnipotencia y su capacidad providente. Esa expresión excelsa y descomunal de la sapiencia divina produjo efectos notables sobre Job, quien quedó anonadado, reconoció su iluso intento de querer discutir con Dios, se sintió indigno y se arrepintió “en polvo y en ceniza” (Job 42:6). En resumen, todo el discurso divino es un relato de esperanza que abre nuevos horizontes de saber y confianza (Job 38-41).

Narra la parte final del relato: “Y Jehová aceptó la oración de Job. Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:9, 10).

La oración sanó a Job. La oración nos eleva por encima de nuestra humanidad. Por ella recibimos el poder que trajo los mundos a la existencia.

“¿Estáis tentados a ceder a presentimientos ansiosos o al abatimiento absoluto? En los días más sombríos, cuando en apariencia hay más peligro, no temáis. Tened fe en Dios. El conoce vuestra necesidad. Tiene toda potestad. Su compasión y amor infinitos son incansables. No temáis que deje de cumplir su promesa. Él es la verdad eterna” (PR 121).

 

Oración: Señor, ayúdame a descansar en tu poder.

 

Sábado 20 de abril 2019

Oración respondida

Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. Job 38:1-3.

¿Has escuchado las respuestas de Dios a tus demandas?

 Dios no defendió a Job de las acusaciones de sus amigos, aunque luego se las vio con ellos (ver Job 42:7), ni explicó las causas de sus sufrimientos. Tampoco reveló por qué prosperan los impíos y sufren los justos. Nada dijo en cuanto al mundo futuro ni sobre las recompensas venideras por las injusticias de este mundo. En otras palabras, no entró en la polémica suscitada por los amigos de Job de buscar las causas del mal y el dolor. Dios habló de su poder creador, manifestado en la naturaleza, para revelar lo que puede hacer en la vida del hombre (vers. 10-17).

Más que focalizarse en el pasado, Dios puso el énfasis en el presente y en el futuro. La estrategia divina para sanar a Job fue presentar un nuevo relato, muy diferente del narrado por los protagonistas hasta ese momento. Una narración que destacara su poder creador, su omnipotencia y su capacidad providente. Esa expresión excelsa y descomunal de la sapiencia divina produjo efectos notables sobre Job, quien quedó anonadado, reconoció su iluso intento de querer discutir con Dios, se sintió indigno y se arrepintió “en polvo y en ceniza” (Job 42:6). En resumen, todo el discurso divino es un relato de esperanza que abre nuevos horizontes de saber y confianza (Job 38-41).

Narra la parte final del relato: “Y Jehová aceptó la oración de Job. Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:9, 10).

La oración sanó a Job. La oración nos eleva por encima de nuestra humanidad. Por ella recibimos el poder que trajo los mundos a la existencia.

“¿Estáis tentados a ceder a presentimientos ansiosos o al abatimiento absoluto? En los días más sombríos, cuando en apariencia hay más peligro, no temáis. Tened fe en Dios. El conoce vuestra necesidad. Tiene toda potestad. Su compasión y amor infinitos son incansables. No temáis que deje de cumplir su promesa. Él es la verdad eterna” (PR 121).

Oración: Señor, ayúdame a descansar en tu poder.

 

Viernes 19 de abril 2019

Oración de reclamo – 2

Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. Job 29:15.

¿Crees que tus buenas obras no serán recompensadas?

Es verdad que no debemos esperar recompensa por nuestras buenas obras. Hacer buenas obras para esperar la recompensa envenena la vida espiritual. Esta idea genera religiosos orgullosos de sus logros, espías de sus hermanos, jueces de los otros. También alimenta la envidia, porque cuando vemos que alguien que a nuestro pobre juicio no se merece un bien, y lo recibe de gracia, nos enojamos. Esto enciende la hoguera de las disputas en nuestras iglesias.

También es verdad que las obras no nos salvan. Sin embargo, el apóstol Santiago afirma, inspirado por el Espíritu Santo: “La fe, si no tiene obras, es muerta” (Sant. 2:17). ¿A qué clase de obras se refiere Santiago? A las que nacen de un corazón recto como el de Job (ver Job 29): las obras que Dios pone en un corazón transformado diariamente por el poder de la oración y la Palabra de Dios (Fil. 2:13).

La salvación se manifiesta en una transformación y no en una lista de obras. Pero el arrepentimiento no se demuestra con lágrimas, sino con cambios. El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión; no con palabras, ni lágrimas ni buenas intenciones, sino con acciones. La acción más pequeña vale más que la intención más grande.

Las obras buenas que surgen de una vida transformada están a la vista de Dios. Pablo aprueba “la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6). Felicita a los tesalonicenses por “la obra de vuestra fe, [el] trabajo de vuestro amor” (1 Tes. 1:3). Parte de su tarea fue llamar a los gentiles a “la obediencia a la fe” (Rom. 1:5; 16:26). Estas obras, en su momento, serán recompensadas: “Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mat. 6:4). Porque Dios es justo, Job fue recompensado en esta vida (Job 42:10-17). Pero pudo no haberlo sido, y aun así conservar la esperanza de ver a su Redentor (Job 19:25).

Tu obra buena será tu mejor oración, porque nada es más elocuente que una buena acción. La mejor vida no es la más larga sino la más rica en buenas acciones. Recuerda a Job: “En mi nido moriré, y como arena multiplicaré mis días” (Job 29:18).

 

Oración: Señor, que mi vida no sea estéril.